martes, 5 de febrero de 2013

3 de febrero de 2013


3 de Febrero de 2013. Tal día como hoy de 1522 María Pacheco, la última defensora de la revolución comunera  frente al emperador flamenco, huyó de Toledo hacia Portugal. Con ella, nueve meses después de las ejecuciones sin equidad de Villalar,  acabó la lucha de los castellanos por sus derechos , por su libertad y por su futuro. 

Ayer celebramos en la Plaza del Zocodover de Toledo el  Homenaje a los comuneros toledanos que cada año organiza el PARTIDO CASTELLANO (PCAS). Unas doscientas cincuenta personas llegadas también de Madrid, Burgos, Segovia, Ávila, Cuenca, Guadalajara, Ciudad Real, Valladolid y Santander llenábamos  la plaza a pesar de las predicciones de un tiempo glacial. Este año contábamos con la presencia de Luis López Álvarez, cuyo poema Los Comuneros  sigue conmoviendo con su hermosura tan natural e infinita como un viejo romance y que ha sido potenciado en clave tradicional por El Nuevo Mester de Juglaría, y en clave heavy metal por el grupo Lujuria.  Decenas de pendones y el buen humor animaban  la plaza en una celebración que ya es parte de nuestra biografía política y sentimental. La música de los dulzaineros de la Agrupación de la Travesaña, de Sigüenza, y el grupo de Danzas de Navahermosa (Toledo), vuelven a recordarnos que Castilla es ancha y hermosa y artística.

En los discursos citamos la historia, María Pacheco y Padilla, cómo no, pero hoy la realidad asfixiante que sufre los castellanos debe ser el centro del recuerdo. ¡Qué contraste el de María Pacheco o Juan de Padilla que dieron su hacienda, sus derechos, su bienestar y sus vidas por el pueblo al que representaba… con los políticos que nos gobiernan hoy! Los que dirigen el país aparecen día sí y día también ligados a cadenas de corrupción. ¡Incluso el nombre del presidente Mariano Rajoy y de su cúpula dirigente aparecen involucrado en oscuras tramas de dinero negro que no pueden aclarar. Si hasta la familia del rey ha entrado ya en este oscuro corredor sin retorno de la duda. Los del PSOE y los del PP no se dan cuenta de que han perdido ya toda la credibilidad y que nadie les cree ni siquiera quienes les votaron, que ahora se sienten más ridículos que nunca. Qué vergüenza, qué rabia tan grande, cuánto rencor están incubando  en el pueblo sometido a recortes dictatoriales en sus derechos, funcionarios que ya no pueden vivir de su sueldo, ancianos cuyas pensiones pierden poder adquisitivo cada año, restricciones de derechos intolerables, de dudosa legalidad y nula ética. Esos dirigentes que se han estado beneficiando de sobresueldos resulta que son los mismos que piden al pueblo sacrificios, recortes, apretarse el cinturón,  que empiecen a despedirse de su derecho a una Educación digna, pública y gratuita –como era hasta ahora-, que empiecen a despedirse de una atención Sanitaria decente y justa, que se olviden de unas ayudas que habían comenzado a a hacer justicia a las personas envueltas de una u otra forma en los problemas de la gente dependiente. Hace falta ser sinvergüenzas y desalmados para estar subiendo la presión fiscal a un pueblo que está literalmente pasando hambre y está sobrecogido por la brutalidad de los desahucios que mandan a la calle a familias enteras. Es imposible no recordar la frase de San Agustín en la Civitas Dei, que cita el gran escritor castellano José Jiménez Lozano en  Una estancia holandesa. Conversación (página. 93): “Sin la justicia, el Estado es una cuadrilla de asesinos y ladrones, porque  sin la justicia ¿qué es una cuadrilla de asesinos y ladrones sino un Estado?.” Pues eso. San Agustín, poco sospechoso de revolucionario o progresista, ya sabía de lo que hablaba y lo que decía: nada menos que una profecía de lo que pensamos muchos sobre el estado actual de España. Ahora bien, también está claro lo que hay que hacer : lamentarse no, Luchar hasta el final sin pausa y sin cuartel por no dejar que se apoderen de las calles como se han apoderado de los sofás y de la televisión, hay que luchar como los de Tembleque (Toledo) por sus guardias médicas o los de la Plataforma antidesahucios o como siempre se ha hecho, por la Justicia y la Democracia, que acaban siendo las dos palabras más útiles para traer bienestar  y felicidad a las personas y sosiego a los pueblos.

Cuando acabamos los discursos, los cantos y las canciones en la Plaza del Zocodover nos dirigimos a la Plaza de Padilla, el antiguo solar del  palacio de los Padilla. Allí Luis López Álvarez dirigió una palabras recordando la similitud de la revolución comunera que nació (y murió) en Toledo con la situación actual de la relación entre el partido que gobierna y el resto de los ciudadanos que de la desconfianza han pasado al rechazo frontal. Luego depositamos un ramo de flores, entonamos el “Canto de Esperanza” con que acaba Los Comuneros de Luis López Álvarez  y al son de a dulzaina y el tamboril, siempre Castilla, siempre la tierra y la gente de Castilla haciéndose oír, volvimos al Zocodover y de allí seguimos disfrutando del día en Toledo, un imán castellano que siempre ha concentrado todas las historias y todas las culturas.